El espectáculo era magnificente. Lo abigarrado de la multitud la presentaba como un cuadro irisado en el que resaltaban los diversos orígenes de sus componentes. El desfile, por países, añadía colorido a la experiencia, que ha de ser, sin lugar a dudas, inolvidable por mucho tiempo. Era el acto inaugural de “Ámsterdam 83”.
Convocados de los cuatro rincones de la tierra, casi cinco mil personas se reunieron en la noche del 12 de julio de 1983 para dar comienzo a la primera Conferencia Internacional e Evangelistas Itinerantes ( CIEI ), patrocinada por la Asociación Billy Graham. La emoción del momento era indescriptible. Las expectativas, mixtas.
Ampliamente podría escribirse sobre la CIEI. Muchos aspectos habría que resaltar. Sin embargo, por razones de espacio nos limitaremos aquí a hacer algunas observaciones sobre asuntos que consideramos sobresalientes. Unos porque representaron lo que nos pareció ser lo más valioso de la Conferencia; otros, porque sobresalieron por vía de negación, al manifestar, velada o abiertamente, matices de la naturaleza de la Conferencia que dejaban a uno pensando sobre si no había una “agenda escondida”. Juzgue el lector al repasar las notas que siguen.
1. La inauguración – aparte de los aspectos de carácter emotivo que dejamos apuntados – mostró la ambigüedad que habría de caracterizar a gran parte de la Conferencia.
Como un gesto de cortesía y honor – así nos parece, ya que no tuvimos nada que ver con la programación del acontecimiento – y muy justamente, se invitó al eminente profesor y distinguido misionero y misionólogo Dr. Johannes Verkuyl a dirigirse a los participantes, como miembro de la comunidad protestante holandesa.
En nuestra opinión, el Dr. Verkuyl hizo, en su corto y enjundioso discurso, la más seria y profunda afirmación teológica de toda la Conferencia. Centró su reflexión en el concepto bíblico del Reino de Dios, y destacó sus cuatro dimensiones fundamentales: proclamación, diaconía (“parte integral de la comunicación del evangelio”), koinonía (“evangelización sin comunión con el hombre es címbalo que retiñe”) y participación (“en todos los aspectos de la vida”). Acentuó el Dr. Verkuyl que en la tarea de la iglesia estos cuatro aspectos tienen que estar presentes, no pueden separarse el uno del otro (“they belong together”), aun cuando las diversas circunstancias en que la Iglesia realice la misión evangelizadora demanden alguna variación en cuanto a énfasis o prioridades.
Dijo también que el evangelio de Jesucristo es el evangelio del Reino, y que Jesucristo en tanto Rey es el Christós diákonos, el Siervo ungido.
En la oración con que concluyó su presentación, el Prof. Verkuyl pidió “por que este evangelio exprese la totalidad y radicalidad del Reino de Dios y del amor de Dios; y por que los ‘evangélicos’ sean más ecuménicos y los ecuménicos más evangélicos”. Oró también por el Consejo Mundial de Iglesias y la asamblea de Vancouver. [La palabra “evangélicos” alude aquí a los protestantes conservadores, según la distinción que suele hacerse en ciertos círculos de los E.U.A.] Fue una lástima que no se prestara la debida atención al mensaje presentado por el ilustre profesor. Y, peor aún, en un gesto que consideramos muy descortés y poco serio, el Dr. Billy Graham dijo públicamente que “estaba de acuerdo con unas cosas que dijo el Prof. Verkuyl, pero con otras no”. Nos pareció descortés por cuanto se pretendió desautorizar en público a un invitado de honor, sin conceder el derecho de la respuesta. Y poco serio, en tanto que se hizo una afirmación general y no se especificaron “los cargos”, es decir, no se aclararon los detalles en los que el anfitrión no estaba de acuerdo.
2. La misma “ambigüedad” (usamos este término a sabiendas de que la ambigüedad es fundamentalmente formal, y, por tanto, no real) apareció con referencia a otros factores del quehacer misional o de la vida de la iglesia en general. Apuntamos algunos de ellos a continuación:
2.1. “Relaciones” con el Consejo Mundial de Iglesias
En varias ocasiones a lo largo de los ocho días completos que duró la Conferencia, diversos oradores hicieron referencia al Consejo Mundial de Iglesias y a la asamblea de Vancouver que habría de reunirse poco después de Ámsterdam 83. Ya mencionamos que el Dr. Verkuyl hizo de este tema parte de su oración. Pero, no fue sólo él.
El propio Dr. Billy Graham habló del Consejo Mundial de Iglesias en varias ocasiones. Es más, habló de la amplitud de la familia cristiana que no hace diferencias denominacionales. El 20 de julio, en la noche, el Rev. Graham afirmó: “No me preocupa si un hermano es presbiteriano, bautista, pentecostal, ortodoxo o católico. Si ha aceptado a Cristo como Señor y Salvador, si ha nacido de nuevo por el Espíritu Santo, lo llamó hermano o hermana”. Y agregó que “no estamos para juzgarnos unos a otros”. Es más, entre los mensajes de saludos que se leyeron había uno del Rev. Philip Potter y otro del Rev. Emilio Castro, secretario general y director de la Comisión de Misiones Mundiales y Evangelización, respectivamente, ambos del Consejo Mundial de Iglesias. Sin embargo, algunas otras referencias directas al Consejo Mundial de Iglesias estaban cargadas de cierta ironía que rayaba en la burla. Cuando el Dr. Graham presentó al Obispo Festus Kivengere, mencionó que este sería uno de los oradores en la asamblea de Vancouver. Y, entonces, glosó: “Y les digo: el Consejo Mundial de Iglesias tendrá allí un predicador evangelista”, dando a entender con ello que “los otros” no lo serían.
La referida observación del Dr. Verkuyl, acerca de la necesidad de que los “evangélicos” fueran más ecuménicos y a la inversa, se aceptaba solo en su segunda parte, pues se hacía manifiesto que la palabra “ecuménico” era, para la inmensa mayoría de los participantes, una “mala palabra”.
Por ello, precisamente, resultaba extraño, ambiguo y hasta paradójico, que se proyectara la película de la visita del Dr. Graham a Rusia, proyección que, dicho sea de paso, provocó en algunos una reacción bastante negativa, pues no percibían la relación de sus actitudes en el trato con la jerarquía ortodoxa rusa y su “otra” (¿?) actitud en la CIEI.
Esa misma posición respecto del Consejo Mundial se reflejaba en las varias veces repetida afirmación de que tal organismo necesita volver a la “evangelización bíblica”, con lo que se decía – y no meramente en forma implícita – que sólo el tipo de evangelización practicado por la Asociación Billy Graham es el bíblico. Los otros. . . pues no. . .
2.2. Predicación evangelística y cultura.
En una oportunidad cuando se les permitió a los participantes dirigir preguntas al Dr. Billy Graham, este repitió lo que hace algunos años había declarado en una entrevista, y dijo lo siguiente: “Mi mayor frustración consiste en haber hablado mucho y estudiado demasiado poco. Si pudiera comenzar ahora, lo haría al revés: hablaría menos y estudiaría más”
¡Declaración valiente en labios de un personaje de la talla religiosa y política del Dr. Graham!
Sin embargo, perdónesenos que expresemos nuestras dudas y que nos inclinemos a pensar que aquí el Dr. Billy Graham no fue totalmente sincero. No queremos decir con ello que nos estaba engañando, sino, más bien, que se está engañando.
La razón de esta suspicacia estriba en los siguientes elementos adicionales que tenemos que introducir en el cuadro para que éste esté completo: primero, en otra ocasión (exactamente en una participación suya el día 20), confesó: “Soy solamente un predicador rural. No soy predicador. Nunca he tomado un curso de homilética ni he leído un libro sobre predicación”. Es cierto que añadió, “Debía haberlo tomado”. Pero, después de la categórica declaración inicial, en presencia de casi cinco mil personas, muchas de las cuales tenían una muy escasa formación teológica, la última frase hasta pudo pasar inadvertida, pues la imagen que quedó en el auditorio es que si el Dr. Graham ha llegado a tener la fama que ha logrado sin haber tomado jamás un curso de homilética, ergo. . .; segundo, en tres diferentes ocasiones el Rev. Graham recordó a ese campeón de la “predicación de avivamiento” que fue Dwight L. Moody. De él dijo: (1) no tuvo mucha educación (académica, se entiende); (2) contaba muchísimas historias en sus sermones; (3) no podía hablar inglés muy bien; (4) cometía errores en el deletreo de las palabras, según se desprende de los bosquejos que preparaba para sus sermones; y (5) sin embargo, cuando él predicaba se escuchaba “otra voz”. Si tomamos en cuenta el auditorio al que se le dio esta explicación las conclusiones son obvias; tercero, aunque esto que apuntamos aquí no concierne directamente a la persona del predicador del Sur de los E.U.A., en el cuadro total adquiere significado: otros oradores en la CIEI criticaron a los seminarios, casi como si estos fueran una plaga para la Iglesia cristiana. Y, cosa curiosa, al menos en una de esas ocasiones. . . el público aplaudió. . .
En todo este panorama, casi de mare mágnum, llamaba la atención que, a pesar de todo, se les prestara tanta importancia a los títulos académicos (o supuestamente académicos) de los oradores y participantes. De nuevo, una actitud paradójica.
La relación entre el evangelio y la cultura queda así en “suspenso”, por no decir, como quizá debería decirse, en desmérito respecto de la cultura. No es necesario pre-ocuparse mucho en los estudios, pues, al fin y al cabo lo único que importa es contar con el poder del Espíritu Santo. No es necesario – decimos nosotros – tener una imaginación muy fecunda para vislumbrar las funestas consecuencias de una actitud tal, si uno es capaz de vivirla coherentemente.
[Remitimos a nuestros lectores al número 9 (diciembre de 1982) de la revista PASTORALIA, dedicado al tema de la predicación, donde se trata más extensamente esta misma cuestión.]
2.3. Evangelización y acción social
Por muchos años, en nuestros propios tiempos, la Iglesia cristiana se ha venido ocupando seriamente de este asunto. Y respecto de él se han asumido todas las posiciones imaginables. Es más, ha sido caballo de batalla de muchos (o de todos, aunque para unos lo sea por vía de rechazo), y motivo de división entre los cristianos.
Los protestantes o evangélicos conservadores (conocidos como “evangelicals” entre los norteamericanos) han venido mostrando una cada vez mayor sensibilidad por la responsabilidad social de la Iglesia y los cristianos. La realidad del mundo contemporáneo y la tragedia de los países del tercer mundo (como así mismo el problema del tercer mundo que vive en el seno del primero) golpea hoy con tal brutalidad que sería necesario tener cauterizada la conciencia para no ver – y sentir – que el evangelio mismo no es ajeno a esa situación general. De ahí que no haya resultado extraño, en absoluto, que en 1982 se haya reunido en Gran Rapids (E.U.A.) un grupo de teólogos y líderes de los evangélicos conservadores para discutir el tema en cuestión. El documento final ha sido publicado por el Comité de Lausana para la Evangelización Mundial, el que, con la Alianza Evangélica Mundial, patrocinó la referida consulta. Visión Mundial Internacional publicó la versión castellana.
Es evidente, para quienes han repasado los documentos respectivos, que el “Informe de Gran Rapids” (número 21 de la serie “Que el mundo oiga su voz”) representa un significativo paso adelante respecto de la consulta de Pattaya (1980).
La pregunta que surge es la siguiente: ¿Cuál es la posición de Ámsterdam 83?
Y, de nuevo, nos enfrentamos con la ambigüedad ya apuntada:
Por una parte, se hicieron afirmaciones tajantes como las que se indican a continuación (aparte de las que hizo el Dr. Verkuyl, a quien no puede considerársele, por las razones señaladas, como parte integrante de la Conferencia):
(1) Tom Houston, que habló sobre “La labor del evangelista en la comunicación”, sostuvo el día 14 que “hay que conocer las necesidades que la gente siente. Y puede ser que lo primero no sea la necesidad de perdón. Puede ser aceptación, una nueva identidad, etc.”.
(2) Marcelino Ortiz, en uno de los mal llamados talleres afirmó: “Los viejos profetas del Antiguo Testamento eran lo que los evangelistas de la actualidad hemos sido llamados a ser”
(3) Michael Green, el conocido pastor de la ciudad de Oxford, el último día de la conferencia fue categórico al llamar al) evangelista itinerante al compromiso. Explicó que este compromiso significa identificación con la gente a la que se le predica, y puso como paradigma a Dios mismo, que se hizo carne y así se comprometió. Elocuentemente dijo que “la cruz nos motiva a meternos en el compromiso y a ensuciarnos las manos”. [Desafortunadamente, cuando estaba pronunciando estas mismas palabras un sonido de interferencia se dejó oír tanto a través de los audífonos como en todo el salón.]
También explicó el Dr. Green que en Jesús vemos compasión y preocupación por los pobres.
(4) Y el propio Dr. Graham, en diversas ocasiones proclamó que tenemos que preocuparnos por el sufrimiento humano y buscar la paz. Acentuó que nuestro interés por el mundo tiene que ser tanto por lo espiritual como por lo físico. Y declaró que “no tenemos derecho a predicar un evangelio más barato que el predicado por Jesús al joven rico”, porque “evangelización y acción social van de la mano”.
Aun cuando todas estas declaraciones nunca se articularon en un todo coherente, parecieran estar en el carril de Lausana y Grand Rapids.
Sin embargo, al escuchar no sólo esas voces sino también otras, aun de los mismos oradores, se revela con claridad meridiana que todavía no ha sido posible establecer nexos auténticamente teológicos entre la evangelización y la acción (o el compromiso) social.
Veamos el otro lado de la medalla:
(1ª) Marcus Loane, que desarrolló el tema “El evangelista y el mensaje que proclama”, no hizo alusión al asunto, y, si no nos falló la memoria al tomar las notas, ni siquiera hizo mención del Reino de Dios (como si este no hubiera sido el tema dominante de la predicación evangelística del más grande evangelista de todos los siglos, los habidos y los por venir).
(2ª) Richard Sturz, cuyo tema era “la responsabilidad social del evangelista y su respuesta a la teología de la liberación”, no sólo demostró que posee un gran “des-saber” respecto de aquella teología a la que supuestamente iba a responder, sino que se escudó tras argumentos trillados (“Jesús nunca intentó cambiar la estructura social”) y tras textos cuya interpretación resulta manida (como el uso de Rom. 13), para no enfrentar con seriedad el tema que le fue asignado. Por eso, ante la valiente confrontación a la que lo sometió uno de los participantes (que trabaja con Visión Mundial), tuvo que confesar que su presentación no había sido una “respuesta a la teología de la liberación” sino una “reacción contra esa teología”. (Véase infra para otros comentarios adicionales sobre la teología de la CIEI)
(3ª) Luis Bush llegó a afirmar que “por supuesto, cuando en el estudio de la Biblia llegamos a Santiago 5 o a Amós, los estudiamos, no los pasamos por alto. Pero, no constituyen el centro del mensaje”. ¿Es que, acaso, puede separar Santiago 5 de Santiago 2? ¿No se refiere Sant. 5 a la ausencia de obras – sea, la presencia de malas obras – que hace nula “la fe” y elimina “el centro del mensaje”?
(4ª) Gottfried Osei-Mensah nos habló de la visión que el evangelista tiene del Reino. Y, cosa curiosa, aunque lo que dijo era valioso, no hizo ninguna referencia (es decir, concreta y no general) a la situación del mundo. Si se aplica lo señalado por el Dr. Green. . .
(5ª) El Dr. Graham también hizo algunas declaraciones que ponían en entredicho el valor de lo afirmado en otras oportunidades. Dijo, por ejemplo, que “la manera y la fecha de la muerte de una persona son menos importantes que el lugar donde irá a pasar la eternidad”.
Habló en una oportunidad sobre la paz en un mundo destrozado y se refirió a la perspectiva bíblica de la paz (con Dios; de Dios; entre los seres humanos). Y, nuevo hecho curioso: ni una sola vez mencionó el riquísimo concepto bíblico de shalom. Por ello resulté muy fácil reducir el tema a una experiencia puramente espiritual. Lo demás. . . bueno, queda la duda de si es realmente un asunto de palpitante vigencia para el evangelista o si solo es cuestión de moda pasajera. (Fue en este sermón cuando hizo referencia a “la manera y la fecha de la muerte de una persona”.)
(6ª) Y uno de los campeones de la mal denominada “iglesia electrónica” (que es electrónica, pero no iglesia), Pat Robertson, al comentar el final de la parábola de los talentos (Mat. 25), y en total olvido de otros textos bíblicos de carácter más general y no parabólicos, interpretó el mensaje en el sentido de que “muchos gobiernos hoy les quitan a los que tienen diez y lo dan a los que no tienen nada. Pero no es ese el método de Dios”.
Y esto lo dijo en un sermón asombrosamente materialista, en que incluso cuantificó el total de dinero que ganaría una persona que comenzara con cien dólares y, por 25 años, multiplicara anualmente por dos la cantidad obtenida. También narró el testimonio de un comerciante de Malasia que estaba en la bancarrota, que “se volvió al Señor” y en seis años se convirtió en el hombre más rico de su país.
Ante esta mezcla de afirmaciones, el panorama general de la relación entre la evangelización y la acción social quedó confuso. La expresión “predicar el evangelio a los pobres” – de sólida raigambre bíblica – apenas fue mencionada, y, cuando se mencionó, fue tratada muy superficialmente.
Con respecto a este tema, Ámsterdam 83 representa un gran salto hacia atrás en relación con Grand Rapids.
3. El problema teológico
Cuando se nos preguntó hace ya bastante tiempo acerca de la conveniencia de convocar a una conferencia mundial de evangelistas, señalamos que sería un significativo acontecimiento si se daban, por lo menos, dos condiciones esenciales: que se prestara particular atención a la teología de la predicación y que se analizara el contenido teológico que se está comunicando en los sermones evangelísticos.
De lo segundo no hubo prácticamente nada, excepto, quizá, en algunos de los talleres.
En cuanto a lo primero, un balance general de la Conferencia revela un resultado deficitario.
Hubo, por cierto, algunas presentaciones de excelente calidad teológica. Tales, por ejemplo, las de Michael Green (en el plenario y en un taller), la de ‘Tom Houston, la de R. Zacharías (“si consideramos un sinsentido todo lo relativo a una determinada religión, de una cosa podemos estar seguros: no la hemos entendido”), la de Leighton Ford (“de alguna manera el regreso de Cristo depende del arrepentimiento de la gente, y la evangelización es el nexo”). Excelente nos pareció, por su profundidad pastoral y por su calidez humana, la ponencia de Cliff Barrows. Buena, no tanto por lo que dijo (han sido sus temas trillados, por mucho tiempo), sino por la franqueza y sencillez con que habló a colegas evangelistas, fue la predicación de Luis Palau.
Pero, en contraste marcadísimo, estuvo el extremado simplismo de las presentaciones del Dr. Billy Graham, y la justificación que sus acólitos hicieron de ese simplismo (que se confunde con simplicidad). En un taller, el Dr. Palau se expresó así: "Lo lindo de nuestro abuelo Billy Graham es que no cambia”. Y añadió: “Cuando uno llega a la edad madura, el diablo lo tienta y le dice: ‘Pero che ¿cuándo vas a crecer? Siempre dices lo mismo’. Es [para el evangelista] una de las mayores tentaciones”. Ante afirmación tan rotunda, uno sé pregunta: ¿Qué significará aquel texto bíblico que declara que nuestro Señor es un Señor que ‘hace nuevas todas las cosas’? ¿No hay, en la apología del Dr. Graham, una comprensión estática de la conversión, a la que se considera como punto de llegada y no como punto de partida? ¿Tiene el teólogo (y el evangelista lo es, malgré lui) que ser un fósil? La plena percepción del evangelio, ¿se logra acaso de golpe y porrazo y de una vez para siempre? ¿No hay crecimiento en esa comprensión? Que nos perdone el Dr. Palau, pero lo que él dice no lo leemos en el Nuevo Testamento.
Ya otros evangelistas más capacitados que nosotros han criticado el simplismo grahamiano. De ellos, en Latinoamérica el más destacado ha sido, sin lugar a dudas, Cecilio Arrastía. (Véase su La Predicación, El Predicador y La Iglesia, publicado en la Colección CELEP).
En Ámsterdam 83 predominó este tipo de teología. Y en algunos casos, el problema superó con creces el simplismo, para caer en la simpleza.
Sabemos bien que el argumento del silencio no tiene consistencia propia cuando es usado independiente y aisladamente. Sin embargo, por otra parte, no es menos cierto que hay asuntos que, por su carácter relevante, tienen que mencionarse cuando se tratan determinados temas, porque, de otra manera, habría que interpretar que el expositor no le da importancia a lo que deja por fuera. Esto pasó con varios oradores en la CIEI.
Ya mencionamos el caso del Dr. Graham, quien pudo hablar durante veinte o veinticinco minutos sobre el tema de la paz en un mundo abatido y ni una sola vez hizo la más mínima alusión al concepto bíblico de shalom. No que tenía que usar esta palabra (pues quizá piense que sea pedantería usarla desde el púlpito), sino la realidad que representa. O sea: la paz como bien-estar que también es estar bien; la paz como plenitud de vida, que incluye necesariamente la justicia en las relaciones societales e internacionales; la paz como relación con Dios, que también implica relación con el prójimo, como fundamentos de la justicia.
Otro ejemplo de este reduccionismo a base de silencio lo encontramos en uno de los primeros sermones de la Conferencia, predicado por Marcus Loane, y titulado “El mensaje del evangelista”. Se destacó el hecho de que el mensaje que predica el evangelista se centra en la cruz... pero no se dijo nada de la resurrección. Y sin resurrección no hay cruz que valga. Es esa una teología del crucifijo (o sea, del que “está fijo en la cruz”) y, por tanto, de la muerte. Y como ya comentamos, tampoco se dijo nada del Reino de Dios, tema no central sino centradísimo en el ministerio docente, proclamador y terapéutico de nuestro Señor Jesucristo.
Estos silencios – desafortunadamente no del tipo que se incorpora a la música para crear expectaciones y ritmo – alcanzaron otro nivel. Con contadas excepciones, los oradores mostraron desinterés, ignorancia, desprecio, o las tres cosas juntas, respecto del desarrollo teológico del mundo contemporáneo. Como si brincaran – en salto digno de un superman – del siglo primero (o séptimo antes de la era cristiana) al veinte sin obstáculo alguno. Como si el Espíritu Santo se hubiera quedado en silencio, o se haya limitado a repetir, letra por letra, lo que ya dijo hace tanto años.
Sabemos que Dios no se ha quedado sin testigos. Y que sus testigos han iluminado nuestra comprensión de la vida y misión cristianas en un mundo que, como creación de Dios, clama por su redención. Sabemos que Dios está interesado en la historia, en esta historia, porque en Jesús él mismo se hizo historia y asumió las contradicciones, angustias, frustraciones y esperanzas de la existencia humana, para darles, precisamente, sentido de eternidad.
Pero, más graves aún que estos silencios que hemos indicado, fueron las distorsiones que se hicieron del pensamiento de quienes no coincidían con los oradores de la Conferencia o con los que dirigían los talleres. Particularmente serios – y, en algunos casos, irresponsables – fueron los ataques contra la llamada teología de la liberación. Fue triste ver a más de un director de taller dando palos de ciegos contra fantasmas que ellos mismos estaban creando, pues los molinos de vientos contra los que se lanzaban furibundos nada o casi nada tenían que ver con la reciente teología latinoamericana.
Oír al Sr. Sturz afirmar que la comprensión del hombre como ser en comunidad, que aparece en la teología de la liberación, es producto “de seguir a Marx”, es casi para que uno se eche a llorar. ¿No ha leído los relatos de la creación, en Gn. 1 y 2? ¿No se ha dado cuenta de que la inmensa mayoría de las imágenes bíblicas para referirse a los hijos de Dios son imágenes comunitarias y no individualistas en su esencia? ¿Qué es un pueblo, o un reino, o un edificio, o un sacerdocio real, o un cuerpo?
Afirmar que para los teólogos de la liberación (en paquete) la evangelización se reduce a “crear las condiciones sociales y económicas que liberarán a los pobres de sus opresores” (Sturz) es mostrar que no ha leído a los teólogos de la liberación, ni católicos ni protestantes. Y más cuando con ello se dice que estos no tienen interés en la regeneración del individuo. Fue por ello por lo que el Dr. Emilio A. Núñez, teólogo respetado en Latinoamérica, cuando le llegaron varias personas a comentar sobre el desdichado taller, exclamó: “¿por qué no eligieron a un latino para esto? “.
Falta de seriedad – para usar un eufemismo – mostró otro orador de la Conferencia, el Dr. Palau, cuando en el número 4 de Daily News (el diario de la CIEI) declaró que “la teología de la liberación no es teología en el sentido de la Biblia”. Perdone, don Luis, pero tal aserto es para que uno se revuelque de risa. . ., por no llorar, porque es una burla al mundo teológico, sin distingos de ninguna clase. Que no estemos de acuerdo – y hay, por cierto, tendencias en algunos teólogos de la liberación con las que no estamos de acuerdo – es una cosa. Pero, de ahí a descalificar como teólogos a todos los que se identifican con ese movimiento hay un abismo.
Otro tanto puede decirse de aquel otro que despotricó contra los teólogos de la liberación con afirmaciones tan simpáticas como la siguiente: “Nosotros venimos de la libertad; los teólogos de la liberación buscan la libertad”. Y después salominizó así: “La teología de la liberación usa léxico bíblico, pero su mensaje no es bíblico”. El Sr. Samuel Libert es el autor de estas frases. Y, he aquí un dato curioso que lo vuelve a uno suspicaz: el tema del taller en el que se habló en esos términos era “La preparación del mensaje y su entrega”. ¿Había un plan bien organizado de atacar a la teología de la liberación aun cuando ello no viniera al caso? A los veinte minutos después de haber comenzado el taller – tiempo dedicado a los referidos ataques – el Sr. Libert anunció que "iba a entrar en el tema”. Juzgue el lector.
4. El problema ideológico
El Dr. Graham sostuvo, casi al principio de la Conferencia, que “el Reino de Dios está más allá (above) de la ideología”. Y durante las reuniones no volvió a mencionarse el tema de la ideología, excepto para atacar a otros.
El hecho de que no se nombrara el nombre no significaba, en absoluto, que la ideología había sido desterrada del paraíso terrenal que era el Zuidhal del RAI, imponente salón donde se realizaban las sesiones plenarias.
Es cierto que no hubo ataques frontales contra el comunismo (¿porque estaba presente una delegación de la Unión Soviética?), pero la presencia de la ideología capitalista se imponía de manera manifiesta. La mera participación como oradores de personalidades como el Dr. Pat Robertson y el Dr. Bill Bright hablaba por sí misma. Y lo que ellos hablaron coincidía con este hablar en todos sus términos. “Hazte cristiano y sé fiel para que llegues a ser millonario” es el resumen del mensaje que predicó el primero. Y se guarda criminal silencio acerca de las causas que mantienen en la extrema miseria a millones de seres humanos alrededor del globo. Y la participación del segundo se cerró con un acto teatral: Robert Schuller, otro astro de la religión del espectáculo, sube a la plataforma para dar la bendición. Y lo hizo en forma tal, que parecía más bien un actor de televisión que estaba montando un espectáculo para impresionar. No era, por cierto, el pastor que bendice a la grey. El individualismo rampante y la preocupación fundamental, que absorbe a las otras, de salvar almas del infierno, constituyeron la plataforma sobre la que se construye el andamiaje ideológico. El sistema de la libre empresa – según el que el tiburón se come a la sardina; o sea: el que tiene más se queda con la posesión del que tiene menos – se sacraliza como la expresión social de la genuina libertad.
Es en este contexto en el que interpretamos el concertado ataque contra la teología de la liberación.
En uno de esos ataques, se esgrimió el siguiente argumento: los teólogos de la liberación hablan de una relectura de la Biblia. “Esto muestra claramente que la Biblia no enseña lo que ellos dicen, pues ellos se apartan de la comprensión tradicional de la enseñanza bíblica”. Es esta una lógica muy original que no resiste el más elemental análisis. Es producto típico de la mentalidad dogmática, que desde el inicio no admite cuestionamiento alguno acerca de aquello que está por probarse.
No sabemos en cuál tradición cristiana se educó el Sr. Sturz. Ciertamente debió ser en alguna que no tiene nada que ver con la Reforma, ya que también los reformadores (¡Y por eso lo fueron! ) se apartaron de “la comprensión tradicional de la enseñanza bíblica”.
No comentamos acerca de su entendimiento del concepto de relectura porque es obvio que no lo ha entendido. O le está dando un contenido semántico sui generis, que no es el que le dan los que usan correctamente el término.
Nos interesa subrayar el significado de esa actitud. Pues nos parece que representa la actitud general de quienes se sienten satisfechos con el statu quo y no quieren que las cosas cambien. Evidentemente, no son “los de abajo”, no son los que constituyen “el reverso de la historia”. Ni siquiera de los que se identifican con estos.
Y esa es la razón de que no se tomara como tema de reflexión el análisis de las causas históricas de la presente situación mundial. No interesa. Y ello, a pesar de que no puede haber genuina predicación cristiana que no hunda sus raíces en la realidad histórica, así como en la Palabra de Dios.
5. Notas finales
Mucho más podría escribirse acerca de Ámsterdam 83. De todo eso que queda en el tintero, deseamos seleccionar los siguientes aspectos:
5.1. El uso de la Biblia.
Sorprendió que en una asamblea de este tipo no se dedicara tiempo diario a sesiones de reflexión bíblica, insustituible elemento aglutinador de los cristianos cuando están reunidos.
Por supuesto, hubo uso de la Biblia en las presentaciones, y, en algunos casos, de excelente calidad. Pero, por lo general, fue mediocre y totalmente desarticulado, lo que no le daba continuidad ni, mucho menos, profundidad.
5.2. Actividades cultuales
Aquí los organizadores se llevan la palma. Aparte de algunos detalles que le daban a algunas actividades más aspecto de espectáculo que de otra cosa (detalles que nos parecen peccata minuta), la participación de los que cantaron (solistas, conjuntos, coros), de los que dieron sus testimonios, de los que dirigieron, de los que presentaron dramas, fue realmente valiosa. Conmovedor hasta las lágrimas fue ver y escuchar a aquella joven coreana, ciega desde los diez años, cantar “El Señor es mi luz”, con voz melodiosa y potente, cargada de la emoción de la experiencia personal.
Los momentos de culto y el período de cantos que los precedía contribuyeron grandemente a crear un ambiente grato, de compañerismo cristiano. Por otra parte, la mayoría era de un mismo “pensar”, en lo que concierne a posiciones teológicas y, sobre todo, ideológicas.
Por supuesto, la naturaleza multitudinaria de una reunión como esta impedía el desarrollo de relaciones más extensas. Y así se formaban grupos de personas que se sentían cercanas por estar en el mismo hotel, o por hablar la misma lengua. Pero en ningún momento repercutió ello en desmérito del positivo ambiente, general. Además, personas como Cliff Barrows y el propio Dr. Billy Graham contribuyeron con su espíritu alegre y jovial a hacer más agradable la experiencia.
5.3. Organización
En la era de la electrónica y de la computación, no podía esperarse de una conferencia patrocinada por la Asociación Billy Graham y celebrada en Holanda sino que todo transcurriera en el más estricto orden y con la reconocida eficiencia norteamericana.
Las atenciones prestadas desde el momento de llegada a Schipol y durante la estada en el hotel fueron muy buenas. Solo es de lamentar que, al final (quizá por la presión del exceso de trabajo) una de las señoritas que atendían en el Hotel Casa 400 asumiera una actitud de arrogancia y prepotencia que significó un insulto para algunos. Ni todo puede ser perfecto. . .
La organización del sistema de distribución de comida, la preparación técnica de los equipos audiovisuales, el transporte, etc., todo fue excelente.
Lo único que algunos todavía no pueden entender (nosotros entre ellos) es que, el Dr. Billy Graham anduviera con guardaespaldas, o que hubiera un culto a su personalidad (de lo cual no creemos que él sea el culpable), o que en las sesiones plenarias los dirigentes pasaran todo el tiempo echándose piropos unos a otros.
5.4. Aspectos valiosos
A pesar de la crítica que hemos hecho (o, quizá mejor, con la crítica que hemos hecho) debemos destacar algunos elementos que tuvieron una significativa presencia en Ámsterdam y que bien haríamos en no olvidar.
Primero, aquel fue un acto de afirmación de fe. El Dr. A. Núñez dijo en una ocasión que los oradores habían llegado a expresar sus convicciones y no a exponer sus dudas. Reconocemos que puede caerse en la trampa de un triunfalismo simplista. Pero, reconocemos también, que con frecuencia faltan cristianos de convicciones profundas, que hablen sin temor.
Segundo, Ámsterdam 83 volvió a poner el acento en la necesidad de la respuesta personal de fe. Creemos que el error consiste en haberse quedado allí, o en reducir lo personal a lo individual. Pero, creemos también, como dice la Escritura, que sin fe es imposible agradar a Dios.
Tercero, la visión escatológica jugó un papel Importante. Nos parece que esa visión estuvo distorsionada por una concepción dualista de la realidad. Pero, nos parece también que es necesario no perder nunca de vista la trascendencia.
Cuarto, en Ámsterdam 83 se habló mucho del Espíritu Santo y del papel que juega en la evangelización. Consideramos que no se habló lo suficiente acerca de la obra del Espíritu en la Iglesia y en el mundo. Pero, consideramos también que es solo en la fuerza del Espíritu como puede crearse una nueva comunidad y vivirse la vida cristiana en el mundo.
Quinto, Ámsterdam 83 fue una clara llamada a los cristianos para que asumamos nuestra responsabilidad de anunciar el evangelio. Estimamos que allí se tuvo una visión muy limitada de ese evangelio que hay que proclamar. Pero, estimamos también que el mandato tiene hoy más vigencia que nunca antes.
6. Post Scriptum
Releído este informe, antes de que salga a luz, me parece que necesita una como “nota al calce”, de carácter aclaratorio. Por ello, no va escrita esta parte en primera persona del plural.
La crudeza de algunas de las críticas no es sino el producto de la experiencia propia del autor, y del dolor que siente al percibir que la cerrazón dogmática que reacciona con suspicacia ante cualquier nueva idea no rima ni con el evangelio ni con la actitud de aquellos primeros discípulos de quienes dan testimonio los libros del Nuevo Testamento. No hay animadversión. Y se busca, como única meta, provocar la reflexión reposada y seria.
Fonte: http://www.pastoralia.com.br/crbst_11.html
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