12 abril, 2013

Entrevista al Pastor Emilio Castro (Espanhol)

El pastor Emilio Castro acaba de partir a la presencia del Señor.  Tuve la oportunidad de conocerlo  en la Conferencia sobre Misiòn y Evangelizaciòn del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), realizada en Salvador, Bahìa, Brasil en 1996.   En torno a un café este pastor metodista nacido en Uruguay, compartiò acerca de la Iglesia, la misión, la evangelización, el ecumenismo en Amèrica Latina. Tambièn recordó su tiempo de Secretario General y el apoyo que esta nstituciòn brindo a la lucha por la justicia, la paz y la democracia en Chile en los tempos de la dictadura militar de Pinochet.

¿Nos podría contar brevemente algo de su vida?

Bueno, es la vida de un pecador normal que vive o trata de vivir de la gracia de Dios y de la amistad de los hermanos después de haber trabajado en los movimientos ecuménicos, en la formación de CLAI, la conferencia de Iglesias de América Latina y luego de haber dado algunos años al trabajo del Consejo Mundial de Iglesias a partir de Ginebra.  Ahora estamos de vuelta en Montevideo donde a Dios gracias podemos servir en una pequeña congregación muy viva y muy activa, con mucho espíritu de cariño entre hermanos y abiertos a las necesidades imperantes de nuestra situación latinoamericana, buscando junto con la comunidad participar el evangelio y los frutos del evangelio con la sociedad más grande que nos rodea y desde allí, desde Montevideo, viajando un poco tratando de aprender y de compartir experiencias vívidas y las bendiciones que Dios nos ha dado a lo largo de la vida.

¿Cómo ve usted al movimiento evangélico en América Latina en este tiempo?

Es una pregunta muy general porque puede contestarse en forma diferente en cada país, pero en términos generales el movimiento evangélico vive el gran problema de su crecimiento numérico, lo que hace que dediquemos mucha mas atención a la formación de la comunidad cristiana.  Un líder pentecostal brasileño afirma que nuestro problema no es la evangelización porque las iglesias se llenan casi solas.  Nuestro problema es la formación de ciudadanos cristianos, de que significa participar de una iglesia.  Lo pondría de esta manera.  Si se puede calcular que los evangélicos en América Latina somos quizá un 20% habría un 20% menos de violencia, de miseria de injusticia, de desempleo de inmoralidad en América Latina.  O no ha cambiado nada substancialmente en las condiciones totales del continente. Si nuestro problema es redescubrir la vocación de ser la manada pequeña que es llamada a ser sal de la tierra y luz del mundo y preguntarnos con seriedad y humildad por qué Dios está levantando un pueblo evangélico entre las camadas pobres de América Latina.  Para qué misión, para qué bendición, para qué tipo de presencia servicial nos está llamando?  Este es el gran desafío, el crecimiento es notable, y aquí mismo puede estar la tentación de querer ser nosotros también la Iglesia del poder con privilegios y demás.  Pero también hay la gran oportunidad de querer ser la Iglesia a la que Dios da la oportunidad de ayudar a la redención de todo el continente y afrontar señales del reino que viene en medio de nuestra comunidad humana.

¿Cuál es su impresión de la situación que viven nuestros pueblos en América Latina hoy?

Bueno, a Dios gracias en general, con la gran excepción de Colombia, estamos viviendo una situación de paz en el sentido de que no hay una violencia armada, que no hay una lucha de guerra civil, etc. Gracias a Dios por la Paz que se ha firmado después de muchos años y con la intervención del Consejo Mundial de Iglesias y otra iglesia entre el gobierno guatemalteco y los movimientos guerrilleros, lo cual da una nueva esperanza también de justicia, de fruto del pueblo guatemalteco.  En este sentido debemos estar  muy agradecidos.  Prácticamente en todos los países de América Latina los gobiernos civiles han vuelto a una expresión de un sistema democrático de elección de los gobiernos.  Hay gobiernos y problemas que no me gustan, pero eso es opinable, para todo el mundo el tema fundamental es que la sociedad ha encontrado la normalidad en mecanismos para elegir y cambiar sus representantes y de esto debemos dar gracias a Dios ya que ha cambiado mucho en los últimos 10 años, y muy positivamente. Lamentablemente, no podemos ser tan optimistas en cuanto a los modelos económicos imperantes en América Latina, que si escuchamos a los grandes economistas nos dicen que las cosas van muy bien, porque en general pareciera que los presupuestos nacionales están bajo control, pero si escuchamos al pueblo nos damos cuenta de que su situación  es muy precaria y crece la marginalidad, y es gente que no puede encontrar un lugar en el proceso de consumo y producción del día de hoy.  Encontramos que la distancia entre los más ricos y los más pobres en nuestros países se esta ampliando y que el desempleo es una realidad que golpea fuerte en países con 50% de desempleo, esto no puede ser más que anticipos a una insurrección popular. En consecuencia, veo la situación de América Latina  con luces y sombras y nosotros los cristianos debiéramos recuperar nuestra dimensión profética no ya desde afuera de la situación, sino desde adentro para enfrentar las injusticias y colocarnos al lado de los pobres para, juntos con ellos, intentar transformar estas situaciones. No podemos aceptar que la ausencia de un complejo militar y la existencia de mecanismos democráticos de gobierno sean suficientes si no hay justicia, si siguen los índices de mortalidad infantil, si sigue la falta de posibilidades educacionales, si sigue el desempleo imperante en nuestro continente. Por allí hay un enorme desafío para todos los cristianos y no cristiano, y a que juntos nos planteemos este problema y busquemos soluciones nacionales; y algunas tendrán que ser de carácter continental.

¿Cuáles cree usted que son los puntos fuertes y los puntos débiles de las iglesias Evangélicas, en este tiempo?

Yo creo que el punto fuerte sigue siendo la referencia a Jesucristo y la convicción de que el Espíritu Santo esta vivo y actuando en medio nuestro.  No podemos perder de vista que esto es realmente lo único con lo que contribuimos, como Juan el bautista nosotros no estamos para predicarnos a nosotros mismos sino para señalar hacia aquél que vienen en el nombre de Dios.  En consecuencia, todo lo que se haga para la distribución de las escrituras, para invitar a la gente a conocer la historia, la vida de Jesucristo, todo esto es una contribución formidable sobre la situación latinoamericana.  El punto fuerte de las Iglesias Evangélicas es el llamado a la conversión, la personalización.  Las gentes llegan a nuestras iglesias y se encuentran con que son invitadas por Dios mismo a tomar una decisión, que son alguien, que son  personas, que son importantes como hijos e hijas de Dios.

También es importante que nuestras iglesias desarrollen una vida interior organizada, donde la gente esta haciendo una experiencia de democracia mucho más participativa que la democracia política, donde en general se nos invita a que se apoye a un carismático y que voten sin pensar mucho, mientras que en las iglesias vamos aprendiendo la formación de convicciones, la formación de grupos de trabajo, el llevar la vida administrativa que nos capacitará luego para ser ciudadanos en el sentido más amplio del ser.  Creo que las iglesias evangélicas en general tienden a responsabilizar a la gente por su destino, se les llama a dar frutos, a ser una nueva criatura y esto es lo que necesita la sociedad latinoamericana. No  esperar ser asistida, sino ver que Dios nos coloca sobre nuestros pies para transformar nuestra situación.

La debilidad de las Iglesias Latinoamericanas es una excesiva preocupación por su crecimiento institucional, un excesivo uso funcional del evangelio. Es decir, qué estamos prometiendo: ¿Tiene desempleo? Venga a la  iglesia;  ¿Quiere que le suban el sueldo? Venga a la Iglesia;  ¿Esta enfermo? Venga a la Iglesia; ¿Le pegó su señora? Venga a la Iglesia.  Cuidado, en el evangelio hay poder para enfrentar todas esas situaciones, pero el evangelio no es una varita mágica del hada madrina de la Cenicienta que soluciona todos nuestros problemas.  Esta tentación a un culto de la prosperidad esta presente.  La realidad es que Dios da bendición, pero es una realidad también que Dios nos invita a tomar la cruz y a seguir a Jesucristo.  Y todo el evangelio se refiere a la cruz no solo como lugar de mi salvación, sino como el estilo de vida al cual estamos todos llamados con Jesucristo, al servicio de nuestro prójimo y, si no, es un evangelio falso.  La tentación esta allí para ser vencida no para que nos gane. Pero siendo conscientes de que existe podemos pedir fuerza en el espíritu para resistir.

 ¿Qué opinión le merece la participación de tantos evangélicos en política en estos últimos tiempos?

En términos generales, me parece positivo que los evangélicos asumamos responsabilidad por toda la comunidad como cualquier otro ciudadano.  Era un error que compartíamos antes de pensar que el evangelio, o que el cristiano no se mete en política. Eso vino ya que los misioneros siendo en su mayoría norteamericanos, ingleses, ellos como extranjeros no se metían en política acá. En sus países eran republicanos, demócratas y peleaban con todo el mundo, pero acá era una irresponsabilidad porque dejábamos todo en área de decisiones importantes que afectan a la vida de todo el mundo sin la potencial influencia del evangelio.  De manera que en principio me parece importante y útil, hay que estar en todos los aspectos de la sociedad, hay que arriesgarse a ser sal y luz allí.  Habiendo dicho esto hay que decir que hay que tener cuidado de pensar que los evangélicos vamos a la política para conseguir ventajas para las iglesias. Debemos ser conscientes de que si estoy allí es para servir a todo el pueblo, para buscar el bien de la comunidad en su conjunto y no para buscar el bien de los nuestros en particular.

La segunda gran tentación es pensar que nosotros por ser evangélicos sabemos más que los demás, por ser evangélicos debemos ser más responsables y estudiar mas y mejor junto con los demás.  La política es un arte y una ciencia, hay que prepararse, no basta la buena voluntad. Esta es explotada por aquellos que saben como utilizarla.  Los que llegamos nuevos al mundo político tenemos que reconocer con humildad que tenemos que aprender las reglas del juego para poder ser inteligentes.  Recordamos aquello de Jesús que seamos mansos como palomas pero astutos, sabios.  Al entrar en camino nuevo debemos conocer bien las reglas del juego para evitar ser sorprendidos en nuestra buena fe. Me parece que es una cosa perfectamente normal y lógica, y los cristianos nos sumamos como cualquier otro ciudadano con responsabilidad por el bien de la comunidad.

¿Cuál es la misión de la Iglesia hoy en América Latina?

La misión de la Iglesia es ser una señal del Reino de Dios, que en si viva intercediendo por todos los demás; que la Iglesia no sea un grupo de egoístas que tienen su salvación asegurada como una especie de visa o pasaporte para irse al cielo, sino que  sea un grupo en el cual la bendición recibida los coloca al servicio del Señor, al servicio de los demás. En consecuencia, un pueblo servidor un pueblo que esté al servicio de la expresión del amor, un pueblo profético, un pueblo que anuncia el llamado de Dios al arrepentimiento y a las buenas nuevas del evangelio. Si recuperamos nuestra visión de un pueblo sacerdotal, de un pueblo servicial, de un pueblo profético, ya tenemos una linda misión para América Latina.

Fonte: http://www.lupaprotestante.com/lp/blog/entrevista-al-pastor-emilio-castro/

06 abril, 2013

Escolhidos Desde a Eternidade!

John MacArthur

Efésios 1.3-14 é um hino de adoração proveniente do coração do apóstolo Paulo. Não é um argumento teológico monótono, e sim o transbordar de sentimentos ardentes do coração agradecido do apóstolo. No grego, esta passagem constitui uma grande sentença. O Espírito de Deus inspirou o apóstolo Paulo a proferir esta profusa adoração ao Deus que o havia salvado.

a. A passagem

“Bendito o Deus e Pai de nosso Senhor Jesus Cristo, que nos tem abençoado com toda sorte de bênção espiritual nas regiões celestiais em Cristo, assim como nos escolheu, nele, antes da fundação do mundo, para sermos santos e irrepreensíveis perante ele; e em amor nos predestinou para ele, para a adoção de filhos, por meio de Jesus Cristo, segundo o beneplácito de sua vontade, para louvor da glória de sua graça, que ele nos concedeu gratuitamente no Amado, no qual temos a redenção, pelo seu sangue, a remissão dos pecados, segundo a riqueza da sua graça, que Deus derramou abundantemente sobre nós em toda a sabedoria e prudência, desvendando-nos o mistério da sua vontade, segundo o seu beneplácito que propusera em Cristo, de fazer convergir nele, na dispensação da plenitude dos tempos, todas as coisas, tanto as do céu como as da terra; nele, digo, no qual fomos também feitos herança, predestinados segundo o propósito daquele que faz todas as coisas conforme o conselho da sua vontade, a fim de sermos para louvor da sua glória, nós, os que de antemão esperamos em Cristo; em quem também vós, depois que ouvistes a palavra da verdade, o evangelho da vossa salvação, tendo nele também crido, fostes selados com o Espírito Santo da promessa; o qual é o penhor da nossa herança, até ao resgate da sua propriedade, em louvor da sua glória.”

b. As pessoas

1. O Pai

Governando estes versículos, encontra-se a idéia de que Deus realizou a salvação por sua própria vontade, propósito e desígnio. A salvação não resulta da vontade ou do mérito de uma pessoa. A salvação não é obtida por meio de sacrifícios religiosos ou de boas intenções. O crédito da salvação pertence apenas a Deus, e somente Ele pode ser louvado e glorificado.

2. O Filho

A salvação é a obra de Deus mediada por Cristo. A salvação tanto se realiza em Cristo como por meio dEle . A salvação se encontra no Amado, que é Cristo. Foi proposta nEle. Enquanto a salvação é uma obra exclusiva do Pai, ela se realiza por intermédio de Cristo.

3. O Espírito

A salvação é selada pelo Espírito Santo (v. 13). Ele é o Espírito Santo da promessa, que nos foi dado como penhor de nossa herança — a garantia de nossa completa e futura redenção como propriedade de Deus mesmo. Deus, o Pai, Deus, o Filho, e Deus, o Espírito Santo, recebem todo o crédito da salvação.

Ensinos

I. Deus nos escolheu

“Bendito o Deus e Pai de nosso Senhor Jesus Cristo, que nos tem abençoado com toda sorte de bênção espiritual nas regiões celestiais em Cristo, assim como nos escolheu, nele, antes da fundação do mundo, para sermos santos e irrepreensíveis perante ele.”

a. A afirmação do apóstolo

Paulo inicia esta passagem afirmando que Deus recebe todo o louvor na salvação. O verbo traduzido “escolheu” (no grego, eklegomai) foi empregado na forma reflexiva, significando “selecionar para si mesmo”. Isso significa que a ação do verbo retorna à pessoa que a pratica. Paulo estava dizendo que Deus nos escolheu tendo em vista o seu próprio interesse — para Si mesmo, pessoalmente. A escolha divina foi realizada antes que o mundo existisse.

b. A confirmação das Escrituras

A Bíblia afirma a verdade da escolha redentora feita por Deus.

1) Mateus 25.34 - Jesus disse: “Vinde, benditos de meu Pai! Entrai na posse do reino que vos está preparado desde a fundação do mundo”. O Senhor planejou tanto o reino quanto os habitantes do reino, antes que o mundo começasse a existir. Você e eu somos salvos e conhecemos o Senhor Jesus por que Deus nos escolheu.

2) Lucas 12.32 - Jesus disse a seus discípulos: “Não temais, ó pequenino rebanho, porque vosso Pai se agradou em dar-vos o seu reino”.

3) João 6.44 - Jesus proclamou para uma grande multidão: “Ninguém pode vir a mim, se o Pai, que me enviou, não o trouxer [compelir]”.

4) João 15.16 - Jesus disse a seus discípulos: “Não fostes vós que me escolhestes a mim; pelo contrário, eu vos escolhi a vós outros e vos designei para que vades e deis fruto”. Nós não escolhemos a Jesus; Ele nos escolheu. Não decidimos por Cristo no mais verdadeiro sentido — Ele decidiu por nós.

5) Atos 9.15 - O Senhor disse a respeito do apóstolo Paulo: “Este é para mim um instrumento escolhido”.

A conversão de Paulo aconteceu abruptamente — ele estava a caminho de Damasco para perseguir os crentes. Mas ele foi convertido, transformado e chamado para ser um apóstolo, porque Deus o escolhera antes da fundação do mundo.

6) Atos 13.48 - afirma sobre aquelas pessoas que ouviram a pregação de Paulo e Barnabé: “Creram todos os que haviam sido destinados para a vida eterna”. Deus outorga o dom da fé somente para aqueles que estão predestinados por meio da escolha dEle mesmo.

7) 2 Tessalonicenses 2.13 - “Devemos sempre dar graças a Deus por vós, irmãos amados pelo Senhor, porque Deus vos escolheu desde o princípio para a salvação”. Paulo não deu graças porque os crentes de Tessalônica haviam decidido se tornar pessoas salvas. Eles não eram muitíssimo inteligentes, espertos, espirituais, perspicazes e, por isso, escolheram a Deus; pelo contrário, Deus os escolheu desde o princípio. A salvação exige que tenhamos fé, mas a fé é o resultado da escolha de Deus.

8) 2 Timóteo 1.8,9 - “Deus... nos salvou e nos chamou com santa vocação; não segundo as nossas obras, mas conforme a sua própria determinação e graça que nos foi dada em Cristo Jesus, antes dos tempos eternos”.

9) 1 Pedro 1.2 - afirma que os crentes são “eleitos, segundo a presciência de Deus Pai, em santificação do Espírito, para a obediência e a aspersão do sangue de Jesus Cristo”.

10) Apocalipse 13.8; 20.15 - infere que os nomes dos

crentes foram escritos no Livro da Vida do Cordeiro antes da fundação do mundo.

c. A confirmação da teologia

Somente Deus pode receber o crédito por nossa salvação. A doutrina da eleição é a mais humilhante de todas as doutrinas ensinadas nas Escrituras. Deus escolheu um povo para torná-lo santo, a fim de que estejam com Ele para sempre. A nossa fé vem de Deus. Um poeta anônimo apresentou esta verdade nas seguintes palavras do hino Vida Interior: “Eu procurava o Senhor e descobri que Ele, buscando-me, inclinou minha alma a procurá-Lo. Não fui eu quem Te encontrou, ó verdadeiro Salvador; não, eu fui encontrado por Ti”.

II. Deus nos predestinou (v. 5)

“Em amor nos predestinou para ele, para a adoção de filhos, por meio de Jesus Cristo, segundo o beneplácito de sua vontade.”

a. A afirmação do apóstolo

Por meio da escolha divina previamente determinada, fomos predestinados para a adoção como filhos de Deus. Realmente somos filhos de Deus.

b. A confirmação das Escrituras

1) João 1.12 - “A todos quantos o receberam, deu-lhes o poder de serem feitos filhos de Deus”.

2) Romanos 8.15 - “Recebestes o espírito de adoção, baseados no qual clamamos: Aba, Pai”.

3) Gálatas 3.26 - “Todos vós sois filhos de Deus mediante a fé em Cristo Jesus”.

4) Gálatas 4.6-7 - “Porque vós sois filhos, enviou Deus ao nosso coração o Espírito de seu Filho, que clama: Aba, Pai! De sorte que já não és escravo, porém filho; e, sendo filho, também herdeiro por Deus”.

5) 1 João 3.1 - “Vede que grande amor nos tem concedido o Pai, a ponto de sermos chamados filhos de Deus”.

c. A confirmação da teologia

A escolha predeterminada de Deus não dependeu do que Ele viu em nós. Ele a fez “segundo o beneplácito de sua vontade” (v.5). Deus não nos escolheu porque Ele tinha de fazer isso, e sim porque Ele quis — trouxe-Lhe prazer. Deus mesmo disse: “O meu conselho permanecerá de pé, farei toda a minha vontade” (Is 46.10).

III. Deus nos concedeu sua graça (v. 6)

“Para louvor da glória de sua graça, que ele nos concedeu gratuitamente no Amado.”

a. A afirmação do apóstolo

A escolha de Deus e a nossa predestinação se tornaram uma realidade em nossas vidas por intermédio da graça de Deus. Graça significa favor imerecido, bênção pela qual não trabalhamos, bondade não resultante de méritos. Somos salvos pela graça de Deus.

b. A confirmação das Escrituras

1) Efésios 2.8-9 - “Pela graça sois salvos, mediante a fé; e isto não vem de vós; é dom de Deus; não de obras, para que ninguém se glorie”. A graça de Deus não admite qualquer mérito da parte do homem.

2) Atos 15.11 - “Cremos que fomos salvos pela graça do Senhor Jesus”.

3) Atos 18.27 - “Tendo [Apolo] chegado, auxiliou muito aqueles que, mediante a graça, haviam crido”.

4) Romanos 3.24 - Somos “justificados gratuitamente, por sua graça”.

c. A confirmação da teologia

A expressão, no versículo 6, pode ser traduzida literalmente por “mediante a graça temos sido agraciados”. Deus nos concedeu graça em Cristo, o Amado, trazendo à realidade a sua escolha e predestinação por nos tornar seus filhos.

IV. Deus nos redimiu (v. 7a)

“No qual temos a redenção, pelo seu sangue.”

a. A afirmação do apóstolo Paulo

1) Do que Deus nos redimiu?

Deus nos resgatou da escravidão ao pecado, à morte, ao inferno, a Satanás, aos demônios, à carne pecaminosa e ao mundo. Não tendo qualquer dignidade e esperança, com nossa mente em trevas e coração inclinado para o mal, éramos escravos miseráveis; apesar disso, Deus veio ao nosso encontro e nos comprou da escravidão. Fomos comprados porque fomos predestinados; predestinados, porque fomos escolhidos; escolhidos, porque fomos amados; e amados, porque o beneplácito de Deus assim o quis.

2) Por meio do quê?

Romanos 6.23 declara: “O salário do pecado é a morte”. Cristo nos redimiu por meio do derramamento de seu sangue. Esse não foi um preço fácil de ser pago. Ele teve de assumir a forma humana, vir ao mundo e morrer na cruz, vertendo seu sangue em sacrifício por nós. O sangue de Cristo é realmente precioso.

b. A confirmação das Escrituras

1) 1 Pedro 1.18-19 - “Não foi mediante coisas corruptíveis, como prata ou ouro, que fostes resgatados do vosso fútil procedimento que vossos pais vos legaram, mas pelo precioso sangue, como de cordeiro sem defeito e sem mácula, o sangue de Cristo”.

2) Apocalipse 5.9 - diz a respeito de Cristo: “Digno és de tomar o livro e de abrir-lhe os selos, porque foste morto e com o teu sangue compraste para Deus os que procedem de toda tribo, língua, povo e nação”.

V. Deus nos perdoou (v. 7b, 8a)

“A remissão dos pecados, segundo a riqueza da sua graça, que Deus derramou abundantemente sobre nós.”

a. A afirmação do apóstolo

Deus não somente nos resgatou, mas também perdoou os nossos pecados — passados, presentes e futuros.

b. A confirmação das Escrituras

1) Mateus 26.28 - Jesus disse: “Isto é o meu sangue, o sangue da [nova] aliança, derramado em favor de muitos, para remissão de pecados”. Quando Deus perdoa (no grego, aphiemi, “mandar embora para nunca mais retornar”), Ele remove os nossos pecados para tão distante quanto o Oriente está do Ocidente (Sl 103.12), lança-os nas profundezas do mar (Mq 7.19) e nunca mais se lembra deles (Is 43.25).

2) Miquéias 7.18 - “Quem, ó Deus, é semelhante a ti, que perdoas a iniqüidade e te esqueces da transgressão do restante da tua herança?”

3) Romanos 8.1 - “Agora, pois, já nenhuma condenação há para os que estão em Cristo Jesus”.

4) Efésios 4.32 - “Sede uns para com os outros benignos, compassivos, perdoando-vos uns aos outros, como também Deus, em Cristo, vos perdoou”.

5) Colossenses 2.13 - “E a vós outros, que estáveis mortos pelas vossas transgressões e pela incircuncisão da vossa carne, vos deu vida juntamente com ele, perdoando todos os nossos delitos”.

6) 1 João 2.12 - O apóstolo João disse: “Filhinhos, eu vos escrevo, porque os vossos pecados são perdoados, por causa do seu nome”.

c. A confirmação da teologia

O perdão de Deus foi derramado abundantemente sobre nós por meio das riquezas de sua graça. O perdão exigiu abundância de graça porque tínhamos muitos pecados. A parábola do credor incompassivo (Mt 18.21-35) afirma que temos uma dívida impagável e indescritível. Devemos nossa salvação ao Deus que desejou nos ter como sua propriedade peculiar. Somos perdoados independentemente de nossa indignidade.

VI. Deus nos iluminou (vv. 8b-10)

“Em toda a sabedoria e prudência, desvendando-nos o mistério da sua vontade, segundo o seu beneplácito que propusera em Cristo, de fazer convergir nele, na dispensação da plenitude dos tempos, todas as coisas, tanto as do céu como as da terra.”

a. A afirmação do apóstolo

Quando somos salvos, somos também iluminados. Deus nos apresenta um retrato de como todas as coisas, do céu e da terra, serão colocadas em sujeição a Cristo, para o seu louvor. Ele nos iluminou com

sabedoria nas coisas eternas e com prudência nas coisas terrenas.

b. A confirmação das Escrituras

1) 1 Coríntios 2. 12 - “Não temos recebido o espírito do mundo, e sim o Espírito que vem de Deus, para que conheçamos o que por Deus nos foi dado gratuitamente”.

2) 1 Coríntios 2.16 - “Quem conheceu a mente do Senhor, que o possa instruir? Nós, porém, temos a mente de Cristo”.

3) 2 Coríntios 4.3-4 - “Se o nosso evangelho ainda está encoberto, é para os que se perdem que está encoberto, nos quais o deus deste século cegou o entendimento dos incrédulos, para que lhes não resplandeça a luz do evangelho da glória de Cristo, o qual é a imagem de Deus”.

4) 1 João 2.27 - “A unção que dele recebestes permanece em vós, e não tendes necessidade de que alguém vos ensine”.

c. A confirmação da teologia

Deus nos iluminou porque Ele mesmo o quis. Se não fosse por causa de seu beneplácito, permanece-ríamos nas trevas, incapazes de participar do seu plano.

VII. Deus nos prometeu (vv. 11-12)

“Nele, digo, no qual fomos também feitos herança, predestinados segundo o propósito daquele que faz todas as coisas conforme o conselho da sua vontade, a fim de sermos para louvor da sua glória, nós, os que de antemão esperamos em Cristo.”

a. A afirmação do apóstolo

Deus nos predestinou para sermos seus filhos, e seus filhos receberão a herança dEle.

b. A confirmação das Escrituras

1) Romanos 8.18 - “Os sofrimentos do tempo presente não podem ser comparados com a glória a ser revelada em nós”.

2) 1 João 3.2 - “Ainda não se manifestou o que haveremos de ser. Sabemos que, quando ele se manifestar, seremos semelhantes a ele, porque haveremos de vê-lo como ele é”.

3) 1 Pedro 1.4 - O apóstolo Pedro afirmou que temos “uma herança incorruptível, sem mácula, imarcescível, reservada nos céus”.

4) 2 Coríntios 1.20 - “Porque quantas são as promessas de Deus, tantas têm nele o sim”.

c. A confirmação da teologia

Todas as promessas de Deus — paz, amor, sabedoria, vida eterna, alegria e vitória — são nossas de acordo com a promessa de Deus. Elas nos foram asseguradas não por direito, e sim pela graça de Deus. Ele recebe toda a glória.

VIII. Deus nos selou (vv. 13-14)

“Em quem também vós, depois que ouvistes a palavra da verdade, o evangelho da vossa salvação, tendo nele também crido, fostes selados com o Espírito Santo da promessa; o qual é o penhor da nossa herança, até ao resgate da sua propriedade, em louvor da sua glória.”

a. A afirmação do apóstolo

Ele declarou que nossa herança está assegurada porque Deus nos selou.

b. A confirmação da teologia

Selar, nos tempos antigos, era um sinal de possessão, segurança, autenticidade e término de uma transação. A habitação do Espírito Santo nos crentes significa que eles são possuídos, seguros, autenticados e completos por Deus. Esperamos pela redenção completa e somos habitados pelo Espírito como um selo e garantia da nossa herança (Rm 8.23-24).

Conclusão

Somente Deus merece o crédito por nossa salvação. Ele nos salva por sua própria e espontânea vontade; todavia, de nosso ponto de vista, precisamos fazer duas coisas: a) esperar em Cristo (v. 12); b) crer nEle (v. 13). Isso também acontece para o louvor e glória de Deus mesmo (v. 12). Ele nos dá o poder para esperarmos em Cristo. Nossa fé vem de Deus (Ef 2.8-9). Ele abre nossos ouvidos para atendermos à mensagem da verdade e nos capacita a crer. Todo o processo de salvação é realizado pelo Espírito Santo; sem Ele, ninguém poderia esperar ou crer em Cristo.

Jesus disse que todos os que não crêem no Filho de Deus estão condenados (Jo 3.18). Deus, em sua graça soberana, decidiu salvar aqueles que Ele mesmo amou (Rm 9.8-13). Tais pessoas são resgatadas da correnteza de homens e mulheres sem esperança que flui em direção ao inferno. Essa é uma verdade humilhante e deve resultar em imensa gratidão de nossa parte. Por que Deus nos escolheu e não outras pessoas? Ele não o fez porque merecíamos a salvação, e sim para demonstrar “as riquezas da sua glória” (Rm 9.14-23). Portanto, nossa única reação tem de ser: “Bendito o Deus e Pai de nosso Senhor Jesus Cristo, que nos tem abençoado com toda sorte de bênção espiritual nas regiões celestiais em Cristo” (Ef 1.3).

Ponderando os princípios

1) A nossa época proclama altissonantemente a auto-importância do homem. Os comerciais nos dizem que merecemos uma folga, um carro melhor, comida melhor, roupas melhores — merecemos mais da “boa vida”. Os problemas da humanidade freqüentemente são diagnosticados como falta de auto-estima. No entanto, a Bíblia diz que “todos se extraviaram, à uma se fizeram inúteis; não há quem faça o bem, não há nem um sequer” (Rm 3.12). Ao invés de afirmar a boa estimativa que o homem faz de si mesmo, as Escrituras colocam as seguintes palavras na boca dos que têm discernimento: “Todos nós somos como o imundo, e todas as nossas justiças, como trapo da imundícia; todos nós murchamos como a folha, e as nossas iniqüidades, como um vento, nos arrebatam” (Is 64.6). Para que Deus seja corretamente honrado e glorificado, todo crente tem de compreender que a salvação é uma obra exclusiva da graça divina.

2) A obra de Deus na salvação tanto reflete a natureza de Deus quanto a natureza do homem. Quando o apóstolo João escreveu: “Vede que grande amor nos tem concedido o Pai, a ponto de sermos chamados filhos de Deus” (1 Jo 3.1), ele estava fazendo um comentário sobre o grande amor de Deus e sobre a corrupção do homem. Thomas Watson escreveu: “Para que você seja uma pessoa agradecida, Deus o chamou exatamente quando você O ofendia; Ele o chamou sem precisar de você e mesmo tendo milhares de santos glorificados e de anjos a adorá-Lo. Pense naquilo que você era antes de ter sido chamado por Deus” (A Body of Divinity). A doutrina da eleição soberana, entendida corretamente, produz gratidão profunda para com Deus nos corações dos crentes.

De que maneira isso tem afetado a sua vida?

Fonte:http://www.bereianos.blogspot.com.br/search/label/Apologética%20-%20Exegese#.UWCesb-9IyE

Como entender que a Bíblia é inspirada por Deus?

B.B. Warfield

A Confissão Belga resume a doutrina reformada da inspiração das Sagradas Escrituras no Artigo 3:

ARTIGO 3, A PALAVRA DE DEUS: Confessamos que a palavra de Deus não foi enviada nem produzida “por vontade humana, mas homens falaram da parte de Deus, movidos pelo Espírito Santo”, como diz o apóstolo Pedro (2 Pedro 1:21). Depois, Deus, por seu cuidado especial para conosco e para com a nossa salvação, mandou seus servos, os profetas e os apóstolos, escreverem sua palavra revelada [1]. Ele mesmo escreveu com o próprio dedo as duas tábuas da lei [2]. Por isso, chamamos estas escritas: sagradas e divinas Escrituras [3].

[1] Êx 34:27; Sl 102:18; Ap 1:11,19. [2] Êx 31:18. [3] 2Tm 3:16.

Sobre isso, o teólogo presbiteriano B.B. Warfield escreveu:

“Os livros bíblicos são chamados inspirados por serem o produto, divinamente determinado, de homens inspirados; os escritores bíblicos são chamados inspirados por terem recebido o sopro do Espírito Santo, de maneira que o produto de suas atividades transcende a capacidade humana e recebe autoridade divina. A inspiração é, pois, definida, em geral, como sendo uma influência sobrenatural exercida nos escritores sagrados, pelo Espírito de Deus, em virtude da qual os seus escritos recebem fidedignidade divina.

“Toda a Escritura é divinamente inspirada, e é proveitosa para ensinar, para redargüir, para corrigir, para instruir em justiça” (II Tm. 3:16/ Almeida revista e corrigida). A palavra grega usada nesta passagem, theópneustos, não significa, de maneira nenhuma, “inspirado de Deus”. Esta frase é, antes, a tradução do latim divinitus inspirata, da Vulgata. A palavra grega nem sequer significa, como Almeida traduz, “divinamente inspirada”, embora esta tradução seja, por assim dizer, uma paráfrase rude, ainda que não enganadora, do termo grego, na linguagem teológica corrente daquele tempo. A expressão grega, porém, nada diz a respeito de inspiração ou de inspirar: fala apenas de respirar ou de respiração. Diz, sim, que é “exalado por Deus”, sendo pois o produto do “sopro” criador de Deus, e não que seja “inspirado por Deus”, isto é, que seja produto da “inspiração” divina nos seus autores humanos. Numa palavra, o que se declara nesta passagem fundamental é, simplesmente, que as Escrituras são um produto divino, sem qualquer indicação da maneira como Deus operou para as produzir. Não se poderia escolher nenhuma outra expressão que afirmasse, com maior saliência, a produção divina das Escrituras, como esta o faz.

O “sopro de Deus” é, nas Escrituras, o símbolo do Seu poder onipotente, o portador da Sua palavra criadora. No Salmo 33.6, lemos: “Os céus por sua palavra se fizeram, e, pelo sopro de sua boca, o exército deles”. É precisamente onde as operações de Deus são ativas, que esta expressão hebraica (“ruah” ou “Neshamah”) é usada para designar essas operações – o sopro de Deus é o fluxo irresistível do Seu poder. Quando Paulo declara que “toda a escritura” ou “cada escritura” é o produto do sopro divino, “é exalada por Deus”, afirma com toda a energia possível, que as Escrituras são o produto de uma operação especificamente divina.

Do mesmo modo, nosso Senhor tem, freqüentemente, ocasião de Se admirar do efeito insignificante produzido pela leitura das Escrituras, não porque tivessem sido examinadas com demasiada curiosidade, mas porque não foram examinadas com bastante anseio e com uma confiança suficientemente simples e forte em cada declaração que elas contêm. “Ainda não lestes esta Escritura” sequer? pergunta, ao citar o Salmo 118, para mostrar que a rejeição do Messias já fora dada a entender nas Escrituras (vd. Mc. 12.10: Mt. 2 1.42 altera a expressão para o equivalente e diz: “Nunca lestes nas Escrituras?”) E quando os judeus indignados se chegaram a Ele e se queixaram dos Hosanas com que as crianças, no Templo, O aclamavam, e lhe perguntaram: “Ouves o que estes estão dizendo?”, Jesus apenas lhes replicou (Mt. 21:16): “Sim: nunca lestes: Da boca de pequeninos e crianças de peito, tiraste o perfeito louvor?”.

O pensamento em que estão baseadas as passagens acima citadas é apresentado, abertamente, quando Ele dá a entender que a origem de todos os erros a respeito das coisas divinas é, justamente, a ignorância das Escrituras. “Errais”, declarou Ele aos seus perguntadores, em determinada ocasião importante, “não conhecendo as Escrituras” (Mt. 22.29); ou, como se encontra, talvez com mais força, na forma interrogativa, na passagem paralela, em outro Evangelho: “Não provém o vosso erro de não conhecerdes as Escrituras…?” (Mc. 12.24). É evidente que, aquele que conhece bem as Escrituras, não erra.

A confiança com que Jesus se baseava nas Escrituras, em todas as declarações que elas fazem, é ainda ilustrada numa passagem como a de Mateus 19.4. Certos fariseus chegaram perto d’Ele com uma pergunta acerca do divórcio, e Ele replicou-lhes da seguinte maneira: “Não tendes lido que o Criador, desde o princípio, os fez homem e mulher e que disse?.. Portanto, o que Deus ajuntou, não o separe o homem”. O ponto a salientar aqui é a referência explícita de Gênesis 2.24, como tendo Deus como autor. “O Criador, desde o princípio, os fez… e que disse”. “Portanto, o que Deus ajuntou”. No entanto, esta passagem não nos dá uma sentença de Deus, registrada na Bíblia, mas apenas a palavra da própria Escritura, e só pode ser tratada como uma declaração de Deus na hipótese de que toda a Escritura é uma declaração de Deus. A passagem paralela em Marcos (10.5 e ss.), do mesmo modo, ainda que não tão explicitamente, apresenta esta passagem como sendo da autoria de Deus, citando-a como lei autorizada e falando da sua determinação como um ato de Deus. É interessante notar, de passagem, que Paulo, tendo oportunidade de citar a mesma Escritura (ver 1 Co. 6.16), cita-a também, explicitamente, como palavra divina: “Porque, como se diz, serão os dois uma só carne” – o diz, aqui, de acordo com um uso que mais adiante veremos, refere-se a Deus.

Portanto, é evidente que Jesus, citando ocasionalmente as Escrituras como sendo um documento com autoridade, baseia-se na atribuição a Deus da sua autoria. O Seu testemunho é que tudo quanto está escrito nas Escrituras é uma Palavra de Deus. Não podemos, tampouco, retirar a este testemunho a sua força, alegando que representa Jesus apenas nos dias de Sua carne, quando se poderia supor que Ele apenas refletia a opinião do Seu tempo e da Sua geração. O ponto de vista a respeito das Escrituras, que Ele apresenta, era também, sem dúvida, o ponto de vista do Seu tempo e da Sua geração, além de ser o Seu. Mas não há qualquer razão para duvidar que Ele o mantinha, não por ser o ponto de vista corrente, mas porque, no Seu conhecimento Divino-humano, sabia ser o verdadeiro: pois, até mesmo na Sua humilhação, Ele é testemunha fiel e verdadeira.

Em todo caso, devemos ter presente que era este o ponto de vista do Cristo ressurreto, como fora o do Cristo humilhado. Foi depois d’Ele ter sofrido e ressuscitado, no poder de Sua vida divina, que pronunciou “Ó néscios e tardos de coração…” àqueles que não crerem em tudo aquilo que está escrito nas Escrituras (Lc. 24.25); e que apresentou o simples “Assim está escrito”, como base suficiente para uma fé confiante (Lc. 24.46). Tampouco podemos minorar o testemunho de Jesus em relação à fidedignidade das Escrituras, interpretando-o como sendo não o Seu, mas dos seus discípulos, que o colocaram na Sua boca, ao relatarem as Suas palavras. Não só tudo é demasiado constante, minucioso, íntimo e, em parte, incidental, e, por isso encoberto, por assim dizer, para admitir tal interpretação mas de tal forma penetra todas nossas fontes de informação a respeito dos ensinos de Jesus, que dá a certeza de que vem na verdade, d’Ele mesmo. Não só pertence ao Jesus apresentado nos relatos evangélicos, como também ao Jesus das fontes mais antigas, que concordam com os relatos evangélicos, como se pode verificar, observando os incidentes em que Jesus cita as Escrituras, como divinamente autorizadas, registradas em mais que um dos Evangelhos (por exemplo, “Está escrito”- Mt. 4.4, 7, 10: Lc. 4.4. 8, 10: Mt. 11.10: Lc. 7.27: Mt. 21.13: Lc. 19.46, Mc. 11.17: Mt. 26.31; Mc. 14.21; “a Escritura” ou “as Escrituras: Mt. 19.4: Mc. 10.9: Mt. 21.42: Mc. 12.10: Lc. 20.17: Mt. 22.29: Mc. 12.24: Lc. 20.37; Mt. 25.56: Mc. 14.49; Lc. 24.44). Estas passagens bastariam para tornar evidente o testemunho de Jesus acerca das Escrituras, como sendo em todas as suas partes e em tudo o que diz, divinamente infalível.

As tentativas para se atribuir o testemunho de Jesus aos seus discípulos, apenas tem em seu favor o fato inegável de que o testemunho dos escritores do Novo Testamento tem precisamente o mesmo efeito que o testemunho d’Ele. Também eles falam superficialmente das Escrituras, usando esse tão significativo nome e citam-nas com um simples “Está escrito”, implicando que tudo quanto nelas está escrito, é divinamente autorizado. Do mesmo modo que a vida pública de Jesus começa com este “Está escrito” (Mt. 4.4), também a proclamação evangélica começa com um “Conforme está escrito” (Mc. 1.2): e do mesmo modo que Jesus procurou justificar a Sua obra com um solene “Assim está escrito, que o Cristo havia de padecer e ressuscitar dentre os mortos no terceiro dia” (Lc. 24.46), também os apóstolos justificaram, solenemente, o Evangelho que pregavam, em todos os seus pormenores, com um apelo às Escrituras, “que Cristo morreu pelos nossos pecados, segundo as Escrituras” e “que foi sepultado e ressuscitou ao terceiro dia, segundo as Escrituras” (1 Co. 15.3, 4; ver também At. 8.35; 17.3; 26.22; Rm. 1.17; 3.4, 10; 4.17; 11.26; 14.11; 1 Co. 1.19:2.9; 3.19; 15.45; GI. 3.10, 13; 4.22, 27).

Onde quer que levassem o Evangelho, era um Evangelho baseado nas Escrituras que proclamavam (At. 17.2; 18.24, 28); e encorajavam-se a si mesmos para provar a veracidade da mensagem com as Escrituras (ver At. 17.11). A santidade de vida que inculcavam, baseavam-na em exigências das Escrituras (ver 1 Pe. 1.16), e recomendavam a lei real do amor, que ensinavam com sanção divina (Tg. 2.8). Todos os detalhes do dever cristão, os sustentavam com um apelo às Escrituras (ver At. 23.5; Rm. 12.19). Vão buscar às Escrituras a explicação de circunstâncias nas suas vidas e dos acontecimentos em redor (ver Rm. 2.26; 8.36; 9.33; 11.8: 15.9, 21; II Co. 4.13). Do mesmo modo que o Senhor declarou que tudo quanto estava escrito nas Escrituras tem que se cumprir (ver Mt. 26.54; Lc. 22.37; 24.44), assim, também, os seus discípulos explicavam um dos acontecimentos mais espantosos que se deram nas suas experiências pessoais, mostrando que “convinha que se cumprisse a Escritura que o Espírito Santo proferiu anteriormente por boca de Davi…” (At. 1.16).

Afirma-se aqui, muito claramente, a razão para este constante apelo às Escrituras, de forma que basta que algo esteja contido nas Escrituras (ver 1 Pe. 2.6) para ter autoridade infalível. A Escritura tem de se cumprir, porquanto o que ela contém é a declaração feita pelo Espírito Santo, através do autor humano. O que as Escrituras dizem, é Deus quem o diz; e, assim, lemos afirmações tão notáveis como as seguintes: “Porque a Escritura diz a Faraó: Para isto mesmo te levantei (Rm. 9.17); “Ora, tendo a Escritura previsto que Deus justificaria pela fé os gentios, preanunciou o evangelho a Abraão: Em ti, serão abençoados todos os povos” (GI. 3.8). Estas citações não são apenas exemplos da simples personificação das Escrituras, o que, aliás, em si, é um uso bastante notável (ver Mc. 15.28; J0. 7.38, 42; 19.37; Rm. 4.3; 10.11: 11.2: Gl. 4.30: 1 Tm. 5.18; Tg. 2.23; 4.5 ss.), vocal, com a convicção expressa por Tiago (4.5) de que a Escritura não pode falar em vão. Mostram uma certa confusão, na linguagem corrente, entre “Escritura” e “Deus”, resultado de uma convicção profundamente arraigada de que a palavra da Escritura é a Palavra de Deus. Não foi a “Escritura” que falou a Faraó, ou deu a sua grande promessa a Abraão, mas sim Deus. Porém, “Escritura” e “Deus” estavam tão intimamente ligados na mente dos escritores do Novo Testamento, que podiam falar naturalmente da “Escritura” operar aquilo que as Escrituras dizem ter Deus operado. Era-lhes, porém, ainda mais natural falarem casualmente e atribuindo a Deus aquilo que as Escrituras dizem; e, assim, encontramos formas de expressão, como estas: “Assim, pois, como diz o Espírito Santo: Hoje, se ouvirdes a sua voz (Hb. 3.7, citando o Sl. 95.7); “Tu, Soberano Senhor… que disseste por intermédio do Espírito Santo, por boca de Davi, nosso pai, teu servo: Por que se enfureceram os gentios…” (At. 4.25, citando o Sl. 2.1); “E, que Deus o ressuscitou dentre os mortos para que jamais voltasse à corrupção, desta maneira o disse: E cumprirei a vosso favor as santas e fiéis promessas feitas a Davi. Por isso, também diz em outro Salmo: Não permitirás que o teu Santo veja corrupção” (At. 13.34,35, citando Is. 55.3 e Sl. 16.10), etc. As palavras colocadas, nestes casos, na boca de Deus, não são palavra de Deus registradas nas Escrituras, mas simplesmente palavras das Escrituras. Quando comparamos as duas espécies de passagens, em uma das quais se diz que a Escritura é Deus, enquanto que na outra se fala de Deus como se Ele fosse a Escritura, podemos verificar quão íntima era a identificação de ambas nas mentes dos escritores do Novo Testamento”. 

Fonte: http://www.bereianos.blogspot.com.br/search/label/B.B.%20Warfield#.UWCdPL-9IyE